Disruptores endocrinos: qué son y qué relación tienen con la agricultura
Hay cosas que podemos ver en los alimentos.
Su color.
Su tamaño.
Su aspecto.
Podemos olerlos, tocarlos y probarlos.
Pero alrededor de la alimentación existen también cuestiones que no podemos percibir a simple vista y que merece la pena conocer.
Una de ellas son los disruptores endocrinos.
Probablemente hayas escuchado alguna vez este término.
Pero ¿qué significa realmente?
¿Dónde podemos encontrarlos?
¿Y qué relación pueden tener con los pesticidas, la agricultura y la forma en la que se producen nuestros alimentos?
Vamos a explicarlo sin alarmismos y de la forma más sencilla posible.
Primero: ¿qué es el sistema endocrino?
Nuestro organismo dispone de un sofisticado sistema de comunicación basado, entre otras cosas, en las hormonas.
Las hormonas actúan como mensajeros químicos y participan en numerosos procesos del organismo, entre ellos:
-
el crecimiento y el desarrollo,
-
el metabolismo,
-
la reproducción,
-
determinadas funciones relacionadas con el sistema inmunitario,
-
y muchos otros procesos fisiológicos.
Para que todo funcione correctamente, esos mensajes deben producirse, transportarse y recibirse de una determinada manera.
Y aquí entran en escena los disruptores endocrinos.
¿Qué es un disruptor endocrino?
Un disruptor endocrino es una sustancia capaz de alterar funciones del sistema hormonal y provocar, como consecuencia, efectos adversos en un organismo.
Puede interferir con el sistema endocrino de distintas formas.
Por ejemplo, determinadas sustancias pueden:
-
imitar la acción de algunas hormonas,
-
bloquear su acción,
-
modificar su producción,
-
alterar su transporte,
-
interferir en su metabolismo,
-
o afectar a los mecanismos mediante los que las células responden a ellas.
Pero hay una diferencia importante que conviene conocer.
Que una sustancia interactúe con el sistema hormonal no significa automáticamente que sea un disruptor endocrino.
Para hablar propiamente de disrupción endocrina tiene que existir una alteración del sistema endocrino asociada a un efecto adverso.
Esta distinción es importante porque evita simplificaciones y permite analizar cada sustancia de acuerdo con la evidencia científica disponible.
¿Dónde pueden encontrarse?
Los disruptores endocrinos no son un problema exclusivo de la agricultura.
El estudio de sustancias con posible actividad endocrina abarca numerosos ámbitos de nuestra vida cotidiana y del medioambiente.
Pueden investigarse sustancias presentes o utilizadas en ámbitos tan diferentes como materiales industriales, determinados productos químicos, biocidas, productos de consumo y también algunos productos fitosanitarios.
Por tanto, cuando hablamos de disruptores endocrinos estamos ante una cuestión mucho más amplia que la alimentación.
Sin embargo, existe una razón por la que nos interesa especialmente hablar de ellos desde Sabores del Pueblo.
La agricultura.
¿Qué tienen que ver los pesticidas con los disruptores endocrinos?
Durante décadas se han utilizado multitud de sustancias para proteger los cultivos de insectos, hongos, malas hierbas y enfermedades.
Y el conocimiento científico sobre los efectos de estas sustancias también ha evolucionado.
Algunas sustancias utilizadas históricamente como pesticidas han terminado siendo restringidas o retiradas, mientras que otras han sido estudiadas por diferentes posibles efectos sobre la salud humana o el medioambiente.
Entre las propiedades que actualmente se evalúan en Europa está precisamente su posible capacidad de producir alteraciones endocrinas.
La Unión Europea dispone de criterios científicos específicos para determinar cuándo una sustancia activa utilizada en productos fitosanitarios puede considerarse disruptora endocrina.
Esto significa que la evaluación de un producto fitosanitario no se limita simplemente a comprobar si elimina una plaga.
También se estudian sus posibles consecuencias para las personas, los animales y el medioambiente.
Europa cuenta con criterios específicos para evaluarlos
La regulación europea establece criterios científicos para identificar propiedades de alteración endocrina en las sustancias activas utilizadas en productos fitosanitarios.
Para considerar que una sustancia presenta propiedades de alteración endocrina deben evaluarse cuestiones como la existencia de un efecto adverso, un mecanismo de acción endocrino y la relación entre ambos.
Es un proceso complejo.
Y debe serlo.
Porque hablar de química, toxicología y salud requiere analizar dosis, exposición, mecanismos biológicos y evidencia científica.
No todo puede reducirse a clasificar algo simplemente como “bueno” o “malo”.
Entonces, ¿qué ocurre en la agricultura ecológica?
Aquí también conviene desmontar una idea bastante extendida.
Agricultura ecológica no significa agricultura sin ningún tipo de tratamiento.
Los cultivos ecológicos también necesitan protegerse frente a plagas y enfermedades.
La diferencia está en el modelo de producción y en las herramientas que pueden utilizarse.
La normativa europea de producción ecológica establece que deben priorizarse estrategias como:
-
la prevención,
-
la elección de variedades adecuadas,
-
la rotación de cultivos,
-
determinadas prácticas de manejo,
-
los métodos físicos,
-
los métodos biológicos,
-
y otras técnicas destinadas a mantener el equilibrio del cultivo.
Cuando estas medidas no son suficientes, pueden utilizarse determinados productos y sustancias, pero únicamente aquellos permitidos por la normativa aplicable a producción ecológica.
Por eso ecológico no significa “sin tratamientos”.
Significa trabajar dentro de un sistema de producción regulado y certificado con unas normas específicas.
¿Entonces comer ecológico elimina cualquier exposición?
No.
Y sería poco responsable decirlo.
Vivimos rodeados de sustancias naturales y artificiales y nuestra exposición depende de multitud de factores.
Además, los alimentos comercializados legalmente en la Unión Europea, sean ecológicos o convencionales, están sujetos a normativa y controles.
Por eso creemos que el mensaje no debe ser:
“Ten miedo de todo lo que comes.”
Sino exactamente el contrario:
Infórmate sobre lo que comes.
Porque disponer de más información nos permite tomar decisiones de consumo de forma consciente.
No se trata de tener miedo a la comida
Este punto para nosotros es fundamental.
Hablar de pesticidas, residuos o disruptores endocrinos puede provocar titulares muy llamativos.
Pero la alimentación no debería convertirse en una sucesión de miedos.
Comer debería seguir siendo algo cotidiano, saludable, agradable y profundamente ligado a nuestra cultura.
La información sirve precisamente para lo contrario del miedo.
Sirve para entender.
Para preguntar.
Para elegir.
Y para distinguir entre afirmaciones respaldadas por evidencia y mensajes diseñados únicamente para alarmarnos.
La tranquilidad de saber lo que comes
Por eso repetimos tantas veces esta frase en Sabores del Pueblo:
La tranquilidad de saber lo que comes.
Para nosotros no significa pensar que podemos controlar absolutamente todo.
Significa intentar conocer cada vez mejor cuestiones tan sencillas como:
¿De dónde viene este alimento?
¿Cómo se ha cultivado?
¿Quién lo produce?
¿Es de temporada?
¿Qué modelo de agricultura estoy apoyando con mi compra?
Preguntas aparentemente pequeñas que repetimos cada semana cuando llenamos nuestra cesta.
Cada compra también apoya una forma de producir alimentos
La agricultura no es únicamente una manera de obtener comida.
También es una manera de gestionar el suelo, el agua, la biodiversidad y el territorio.
Cada modelo tiene unas prácticas, unas normas y unas consecuencias diferentes.
Como consumidores probablemente nunca podremos conocer absolutamente todo lo que ha ocurrido detrás de cada alimento.
Pero sí podemos exigir información.
Podemos mirar su procedencia.
Podemos buscar certificaciones.
Podemos conocer a los productores.
Podemos consumir alimentos de temporada.
Y podemos decidir qué modelo queremos apoyar.
Porque comer es algo que hacemos todos los días
Hay muchas decisiones que tomamos unas pocas veces en nuestra vida.
Pero hay una que repetimos constantemente.
Comer.
Desayunamos.
Comemos.
Cenamos.
Compramos alimentos semana tras semana durante prácticamente toda nuestra vida.
Por eso creemos que aprender un poco más sobre alimentación y agricultura merece la pena.
No para obsesionarnos.
No para vivir con miedo.
Sino para ser consumidores cada vez más informados.
Porque cuanto más conocemos el campo…
más conscientes podemos ser de lo que ponemos sobre nuestra mesa.
Y quizá de eso se trate realmente.
No de buscar una alimentación perfecta.
Sino de poder elegir con más información.
🌱 Cultivo ecológico certificado.
🇪🇸 Agricultores nacionales.
☀️ Productos de temporada.
💚 Sabores del Pueblo
La tranquilidad de saber lo que comes.