¿Qué hace una sandía en Madrid en pleno invierno?
Hay algo bastante curioso con nuestra forma de alimentarnos.
Tenemos más alimentos disponibles que nunca.
Más supermercados.
Más marcas.
Más productos.
Más variedad.
Más.
Más.
Más.
Y, sin embargo, cada vez sabemos menos sobre lo que comemos.
De dónde viene.
Quién lo ha cultivado.
Cuándo se ha recogido.
Con qué se ha tratado.
O cuántos kilómetros ha recorrido hasta llegar a nuestra mesa.
Curioso progreso.
Una sandía en enero
Imagínate una mañana cualquiera de enero en Madrid.
Sales a la calle.
Hace 4 grados.
Llevas abrigo, bufanda y probablemente estés pensando bastante más en un cocido que en bañarte en una piscina.
Entras en un supermercado.
Y ahí está.
Una sandía.
Perfectamente colocada en su estantería.
Y a nosotros nos sale una pregunta bastante sencilla:
¿Qué cojones hace una sandía en Madrid en pleno invierno?
Porque una sandía necesita calor.
Necesita sol.
Necesita unas condiciones que asociamos precisamente al verano.
Para que esa sandía esté delante de ti mientras fuera hace frío, han tenido que pasar unas cuantas cosas.
Cultivarla allí donde las condiciones permitan hacerlo.
Recogerla.
Almacenarla.
Transportarla.
Hacer kilómetros.
Quizá muchos kilómetros.
Hasta terminar perfectamente colocada delante de nosotros.
Y lo más curioso es que ya ni siquiera nos llama la atención.
Nos hemos acostumbrado a tenerlo todo siempre
Sandía en invierno.
Melocotones cuando hace frío.
Tomates los doce meses del año.
Fresas prácticamente cuando queramos.
Da igual la estación.
Da igual lo que esté sucediendo en el campo.
Queremos cualquier alimento, en cualquier momento.
Y durante años hemos interpretado esa disponibilidad permanente como una señal de progreso.
Pero quizá deberíamos hacernos otra pregunta.
¿Y si progresar en nuestra alimentación no consiste en tener cada vez más?
Quizá consista precisamente en necesitar menos.
Menos productos fuera de temporada.
Menos alimentos recorriendo enormes distancias.
Menos agricultura anónima.
Menos etiquetas bonitas intentando sustituir la información que realmente importa.
Menos comprar a ciegas.
Y recuperar algunas cosas que nuestros abuelos ni siquiera necesitaban preguntar.
Qué toca comer ahora.
De dónde viene.
Quién lo cultiva.
Y a qué sabe de verdad.
Eso, para nosotros, también es avanzar.
Aquí manda el campo
Por eso en Sabores del Pueblo no queremos tener absolutamente de todo durante los doce meses del año.
Sería absurdo.
Preferimos que mande el campo.
Si es temporada de melocotones, disfrutamos de los melocotones.
Cuando llegan los higos, llegan los higos.
Cuando empieza la sandía, empieza la sandía.
Y cuando termina una temporada...
termina.
Hasta el año siguiente.
Porque precisamente ahí está parte de la magia.
Esperar.
Volver a disfrutar de ese primer melocotón.
De los primeros higos.
De esa sandía fresca cuando empieza a apretar el calor.
Los alimentos vuelven a tener su momento.
Saber lo que ponemos en nuestra mesa
En Sabores del Pueblo trabajamos seleccionando fruta y verdura de cultivo ecológico certificado, de procedencia nacional y respetando las temporadas, buscando además un precio justo para el agricultor.
No porque quede bonito escrito en una página web.
Sino porque creemos que existe una forma muy sencilla de saber si estamos mejorando nuestra manera de alimentarnos:
cada vez sabemos más sobre aquello que ponemos en nuestra mesa.
Sabemos su procedencia.
Sabemos cuándo toca comerlo.
Sabemos cómo ha sido cultivado.
Y necesitamos menos artificios para confiar en ello.
Porque comprar alimentos no debería consistir únicamente en mirar si una fruta tiene buen aspecto.
También debería importarnos la historia que hay detrás de ella.
Agosto sí sabe a sandía
Ahora estamos en agosto.
Hace calor.
Hay sol.
Ahora sí.
Ahora tiene todo el sentido del mundo comerse una sandía.
Está en su momento.
Y quizá precisamente por poder comprarla prácticamente durante todo el año hemos olvidado lo especial que resulta comer cada alimento cuando realmente toca.
Esta semana volvemos a seleccionar lo mejor que nos ofrecen las huertas.
Fruta y verdura que responda a cuatro principios muy sencillos:
🌱 Cultivo ecológico certificado.
🇪🇸 Procedencia nacional.
☀️ Producto de temporada.
🤝 Precio justo para el agricultor.
Pero hay algo que para nosotros está incluso por encima de todo eso.
La tranquilidad de saber lo que comes.
Porque quizá el futuro de nuestra alimentación no consista en poder comprar cualquier fruta los 365 días del año.
Quizá consista en volver a mirar al campo.
Entender sus tiempos.
Respetar sus temporadas.
Y disfrutar de cada alimento cuando llega su momento.
Esta semana, el campo vuelve a decidir
Seleccionamos cada semana fruta y verdura ecológica certificada y de temporada directamente para llevarla hasta tu casa.
Si quieres descubrir qué nos están ofreciendo las huertas esta semana, puedes hacer tu pedido en Sabores del Pueblo.
Volver a comer de verdad empieza por saber lo que comes.
P. D. La próxima vez que veas una sandía en enero no hace falta que hagas nada raro.
Solo mírala y pregúntate:
«¿Qué cojones haces tú aquí?»
P. D. 2. Hay frutas que tienen más kilómetros que un taxi.
Nosotros preferimos que tengan temporada.