Recreación del cultivo de higueras en el Neolítico hace más de 11.000 años

¿Antes del trigo ... fue el higo?

El higo y el origen de la agricultura: una historia de hace más de 11.000 años

Hay alimentos que forman parte de nuestra vida desde hace tanto tiempo que cuesta imaginar cuándo comenzó nuestra relación con ellos.

El higo es uno de ellos.

Hoy podemos encontrarlo en una frutería, recogerlo directamente de una higuera o disfrutarlo durante unas pocas semanas al año cuando llega su temporada.

Pero para comprender de verdad su historia tenemos que viajar muchísimo más atrás.

No a la época de nuestros abuelos.

Ni a la de los romanos.

Ni siquiera a la de los antiguos egipcios.

Tenemos que retroceder más de 11.000 años, hasta los comienzos mismos de la agricultura.

Y allí aparece una historia fascinante.

Unos higos de hace aproximadamente 11.400 años

En el valle del Jordán existe un yacimiento neolítico conocido como Gilgal I.

En este lugar, los arqueólogos encontraron restos carbonizados de higos con una antigüedad aproximada de 11.400 años.

Encontrar restos de un alimento tan antiguo ya sería interesante por sí solo.

Pero estos higos tenían algo especialmente llamativo.

Los investigadores observaron características compatibles con un tipo de higuera cuyos frutos podían desarrollarse sin la polinización habitual y que, por tanto, habría tenido dificultades para reproducirse mediante semillas de manera natural.

Esto abrió una posibilidad extraordinaria.

¿Estábamos cultivando higos antes que cereales?

Una de las hipótesis propuestas por los investigadores es que aquellas comunidades prehistóricas podrían haber descubierto higueras especialmente interesantes y haber comenzado a reproducirlas de forma deliberada mediante esquejes o ramas.

Es decir, algo parecido a esto:

Alguien encuentra una higuera.

Comprueba que produce buenos frutos.

Decide conservarla.

Corta una rama.

La planta.

Y espera a que crezca una nueva higuera con las mismas características.

Puede parecer sencillo.

Pero estamos hablando de algo ocurrido hace más de once mil años.

Y eso cambia completamente la perspectiva.

Porque estos restos pertenecen a una época situada en los primeros momentos de la agricultura en Oriente Próximo.

Por eso algunos investigadores han planteado que la higuera podría encontrarse entre las primeras plantas domesticadas por el ser humano, quizá incluso antes de la domesticación completa de determinados cereales.

No significa que podamos afirmar con absoluta certeza que el higo fue la primera planta cultivada de la historia.

La arqueología funciona reuniendo evidencias, interpretándolas y revisando las hipótesis a medida que aparecen nuevos descubrimientos.

Pero la posibilidad resulta fascinante.

Imagina aquel momento

Intentemos trasladarnos durante unos segundos a aquella época.

No había ciudades como las conocemos.

No había carreteras.

No había monedas.

No existían supermercados, frigoríficos ni sistemas modernos de agricultura.

Las comunidades humanas estaban aprendiendo poco a poco a observar la naturaleza.

A reconocer qué plantas eran mejores.

Cuándo daban fruto.

Dónde crecían.

Cómo podían conservarlas.

Y probablemente, en algún momento, alguien observó una higuera especialmente buena y tomó una decisión aparentemente sencilla:

“Esta merece la pena conservarla.”

Quizá cortó una rama.

Quizá la plantó cerca del lugar donde vivía.

Quizá la regó.

Y después esperó.

Sin saberlo, acciones como aquella estaban contribuyendo a una de las mayores transformaciones de la historia humana.

El paso progresivo de sociedades dedicadas principalmente a la recolección y la caza hacia comunidades capaces de producir parte de sus propios alimentos.

Seleccionar, plantar, cuidar y esperar

Hay algo especialmente bonito en esta historia.

Porque once mil años después seguimos haciendo prácticamente lo mismo.

El agricultor observa.

Selecciona.

Planta.

Cuida.

Espera.

La tecnología ha cambiado.

Las herramientas han cambiado.

El conocimiento ha avanzado enormemente.

Pero el principio continúa siendo sorprendentemente parecido.

Trabajar con la naturaleza necesita tiempo.

No existen atajos para todo.

Una planta tiene su ritmo.

Un árbol necesita crecer.

Una fruta necesita madurar.

Y quizá esta relación entre paciencia, agricultura y alimento comenzó mucho antes de lo que solemos imaginar.

La higuera y las civilizaciones mediterráneas

Con el paso de los milenios, la higuera se convirtió en una planta profundamente vinculada a las culturas del Mediterráneo y Oriente Próximo.

Aparece asociada a diferentes pueblos, tradiciones y formas de alimentación.

No resulta extraño.

Es un árbol capaz de adaptarse a terrenos difíciles, soportar periodos secos y ofrecer un fruto extraordinariamente dulce.

Además, el higo podía consumirse fresco o secarse, permitiendo conservarlo durante mucho más tiempo.

Para las sociedades antiguas, estas características tenían un enorme valor.

Por eso la presencia de la higuera acompaña buena parte de nuestra historia agrícola.

Cuando comes un higo estás comiendo historia

Hoy abrir un higo es algo cotidiano.

Lo cortamos por la mitad.

Vemos ese interior rojizo lleno de pequeñas estructuras.

Lo comemos.

Y seguimos con nuestro día.

Pero después de conocer esta historia resulta difícil mirarlo exactamente igual.

Porque ese pequeño fruto nos conecta con personas que vivieron hace más de once mil años.

Personas que observaron el campo.

Que aprendieron de las plantas.

Que eligieron cuáles merecía la pena conservar.

Y que probablemente comenzaron a cultivar algunas de ellas mucho antes de que existiera cualquier cosa parecida al mundo actual.

Así que la próxima vez que tengas un higo entre las manos, detente un segundo.

Míralo.

Porque quizá estés sosteniendo uno de los alimentos con una de las relaciones más antiguas con la agricultura humana.

Algunas modas duran unos meses.

Otras duran unos cuantos años.

El higo lleva más de once mil años convenciendo a la humanidad. 😂

Y eso, como amantes del campo y de los alimentos de verdad, nos parece sencillamente maravilloso.


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